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Estimados
hermanos en Cristo:
En
este escrito quiero explicar el problema del P. Ernesto Cardozo
Vasina, quien el domingo 1 de noviembre de 2009 se refiriera a
otra persona y a mí
como a unos individuos que guardamos un descarado silencio
después de haber ofendido al Superior General de la
Fraternidad San Pío X (FSSPX) en vez de hacer la
correspondiente reparación. Me veo en la penosa necesidad de
presentar esta aclaración, dado que la denuncia fue realizada
por el padre desde el púlpito durante la Misa, dejándome sin
posibilidad de réplica en el momento.
Hasta
ahora, quise ser discreto en lo referente al problema del
P. Cardozo, no por vergüenza; mucho menos por descaro,
como erróneamente ha dicho el padre. Lo hice para no causar
escándalo ni divisiones en el grupo. ¡Dios sabe cuánto tuve
que contenerme para no revelar la injusticia cometida! Hoy no
cabe más la discreción: el padre lo ha revelado públicamente
y creo estar en mi derecho al dar a conocer mis
motivos.
La
situación problemática que aquí se presenta parcialmente, no
debe sorprendernos, puesto que el demonio no podía dejar de
atacar a uno de los últimos reductos fieles a la doctrina divina.
Tampoco debe desesperarnos al grado de alejarnos de la
Fraternidad y con ello de sacramentos y doctrina. Atendamos la
exhortación que nos hiciera el P. Amozurrutia al despedirnos y
bendecirnos para nuestro regreso de la peregrinación de Cristo
Rey de este año, en la que pedía que ante esta situación tan
problemática de la Fraternidad, tengamos confianza en nuestros
sacerdotes y recemos por sus superiores. Pero no nos dejemos
engañar por una falsa confianza similar a aquella que
impide a millones de personas ver y aceptar los errores del
modernismo. Cerremos filas, sí, pero no en torno a una persona –
las personas somos falibles –; hagámoslo en torno a nuestro
Redentor, quien no puede engañarnos.
Paso
ahora a exponer mi caso:
Durante casi 30 años he
estado asistiendo a la Santa Misa de siempre, aun antes de la
llegada de la FSSPX a Méjico.
Cuando aun existía una
natural desconfianza, pugné con otros fieles para que se
recibiera a los sacerdotes de la Fraternidad aquí en Saltillo y
por más de 23 años he frecuentado sus prioratos y centros de
Misa.
He depositado mi confianza
en los sacerdotes de la Fraternidad y durante esos 23 años
he recibido muchísimos beneficios y bendiciones de
ellos.
Por todo
esto, cuando en el boletín de la capilla de Saltillo, la
Fraternidad publicó a finales de 2008 una
carta de Mons. Fellay convocando a una Cruzada de Rosarios para
el levantamiento de las supuestas excomuniones, yo sentí que
algo no estaba bien: todavía
recordaba las palabras del mismo superior con que expresaba que
no era posible pedir que se
levantara algo inexistente. Por un
mecanismo de autodefensa, me dije
que seguramente habría algún problema de traducción
y me negué a
creer que el Superior General de la FSSPX se estuviese
contradiciendo. No pasó mucho
tiempo antes de que los mismos sacerdotes nos hicieran ver que
efectivamente sí se estaba
pidiendo el levantamiento de excomuniones. Así
empezaron mis inquietudes y dudas sobre
las autoridades de la Fraternidad.
Ya en
2009, vino el
decreto de levantamiento de excomuniones y
los documentos, tanto
de la Fraternidad como los
de Vaticano, corroboraron que ciertamente
se había solicitado el levantamiento de excomuniones.
Adicionalmente,
la visita a Saltillo de los Pp.
Nelly y Trejo me
dejó más inquietudes, pues, a pregunta expresa de uno de los
fieles, el P. Trejo explicó que, en la respuesta de la
Fraternidad al Santo Padre por el levantamiento de las supuestas
excomuniones, se
había escrito que se
aceptaban todos los concilios hasta el Vaticano II
debido
a un error ocasionado por la prisa con que se quiso dar
respuesta al Papa, y que se
había escrito Vaticano II cuando se quería haber escrito
Vaticano I.
Yo consulté la carta (Cfr.
Anexo 1) y pude ver que decía "aceptamos
y hacemos nuestros todos los concilios hasta
Vaticano II, respecto al cual tenemos reservas";
así pues, la explicación del P. Trejo no era precisa, pues
obviamente la intención no había sido poner "Vaticano
I,
respecto al cual tenemos reservas". Esto
habría sido un error aun mayor.
Durante
la misma visita de los Pp. Nelly y Trejo, yo pregunté
por qué la Fraternidad hacía todo lo
posible para quedar bien con el mundo, al tiempo que daba la
espalda a la verdad y a la razón.
Esta pregunta la formulé con respecto a la forma en que se
había tratado el escándalo mediático por las declaraciones de
Mons. Williamson que le costaron ser destituído de la Rectoría
del Seminario en Argentina. La
respuesta del P. Trejo fue muy ambigua y
más que respuesta, fue una exhortación
a no buscar información, a
esperar los comunicados oficiales de la Fraternidad y a confiar
en las autoridades. Por supuesto
esta última recomendación no podía satisfacerme: esto
mismo me pidieron hace 30 años los
sacerdotes a quienes expuse mis dudas con respecto a la
tradición y el modernismo; si les
hubiese hecho caso en aquel entonces, actualmente estaría
asistiendo a la misa de Paulo VI.
Por otra
parte, Mons.
Fellay ha ofendido a la Sma. Virgen María, madre
de Dios y corredentora nuestra, cuando
le atribuye a Ella la obtención de ese decreto de levantamiento
de excomuniones que es "muy
deplorable" (según
el P. Bouchacourt) y
que "no
responde a la verdad ni a la justicia"
(según
Mons. de Galarreta); también
lo hace al atribuir a Nuestra Señora ese decreto por el cual la
Santa Misa de siempre queda relegada a un puesto secundario
como un
"rito extraordinario" en tanto que el rito
protestantoide de Paulo VI es señalado como ordinario, es
decir, regular o preferente (Cfr.
Las Cruzadas de Rosarios de Mons. Fellay).
En
febrero de 2006, meses antes del
capítulo general en que se le reeligiría como Superior
General, Mons. Fellay declaró:
«después
de esas largas discusiones el Cardenal [Castrillón de Hoyos]
dijo: “Yo advierto que todo lo
que Ud. expone no lo coloca fuera de la Iglesia, Ud. está,
pues, dentro de la Iglesia”. Y
continuó diciendo: “Le pido que
escriba al Papa para solicitarle que levante las excomuniones”.
Desde entonces hemos quedado ahí, pues evidentemente
no vamos a pedir que se levante algo que no reconocemos.
Siempre nos hemos negado a reconocer la validez de esas
excomuniones, no podemos, pues, pedir que se levante algo que no
existe.»
(Sermón del 2 de febrero de 2006 en el Seminario
de Flavigny, Francia)
Sin
embargo, en una entrevista a
principios de 2009, el semanario
Monde et Vie preguntó
“¿Esperaba
usted, Monseñor, este levantamiento
de la excomunión?”
Y Monseñor
Fellay respondió “Lo
esperaba desde 2005, después de la primera carta de pedido del
levantamiento de la excomunión que
había dirigido a pedido mismo de Roma. Porque
era claro que Roma no pedía
esta carta para rechazar levantar la excomunión”.
Esta entrevista incluso fue publicada en La Porte
Latine.
Los
puntos i) y
j) muestran
una contradicción flagrante de
Mons. Fellay. Aquí puede hacerse
la pregunta: ¿Mons. Fellay
solicitó en 2005 el levantamiento
de excomuniones?
Sólo existen dos posibles respuestas: sí o
no. En el caso afirmativo, Mons.
Fellay habría mentido en febrero de 2006 y con él otras
autoridades de la Fraternidad que
han asegurado que siempre se pidió que se declarara nulo (sin
efecto) el decreto de excomuniones de 1988; en el caso negativo,
Mons. Fellay habría mentido en
2009 y en otras varias ocasiones en que ha repetido lo mismo y
quedaría aun más claro que Roma
no concedió lo que se le pedía como prerrequisito para
entablar conversaciones.
En la
Pascua de 2009, el mismo Mons.
Fellay sostuvo, refiriéndose a ese levantamiento de
excomuniones, que "lo
habíamos pedido desde el año 2001 como
signo de buena voluntad de
parte del Vaticano hacia el movimiento tradicional"
(Carta a los amigos y benefactores 74).
Por otra
parte, el Card. Castrillón de Hoyos, en su carta de 5
de abril de 2002, menciona que
Mons. Fellay envió al Secretario de la Fraternidad, P. Selegny,
y al P. Simoulin para que le informaran al Cardenal que se
suspendería el diálogo entre la Fraternidad y Vaticano, en
tanto no se cumplieran los dos
prerrequisitos: el levantamiento
de las excomuniones y el
permiso a todo sacerdote católico para celebrar la Misa con el
rito de San Pío V. Esta carta
parece corroborar la declaración de Mons. Fellay mencionada en
el punto l).
Es
evidente que a partir de finales de
2008, varias autoridades de la Fraternidad han
hecho declaraciones en las que se trata de suavizar
o incluso negar la diferencia que existe entre solicitar que se
levanten las excomuniones y solicitar que se declare que tales
excomuniones nunca existieron. Por
supuesto, la diferencia está ahí aunque
se la ignore o se la niegue.
Es obvio
que las autoridades de la Fraternidad intentan
hacer creer a los fieles que Roma ha cedido
cumpliendo
con los prerrequisitos planteados por la misma Fraternidad y
que, si ha cedido, lo ha hecho por la intercesión de la Sma.
Virgen María. Pero en ese intento se
está incurriendo en contradicciones y declaraciones falsas
que, por
ser deliberadas,
reiteradas y sostenidas,
no pueden sino entenderse como un engaño
y a
quienes cooperan conscientemente para que este engaño se
propague se les llama cómplices.
Aquí no se está juzgando la intención, sino sólo los hechos
(Cfr.
Anexo IX del P. Ceriani)
Por otra
parte, llaman la atención las nuevas
declaraciones del Superior de la Fraternidad en
que parece querer condescender con
las autoridades vaticanas, como el
aceptar que "los judíos
son nuestros hermanos mayores"
o que Benito XVI "es
una persona íntegra,
que toma muy seriamente la situación y la vida de la Iglesia".
No
deja de ser doloroso el que las autoridades de la FSSPX y los
mismos sacerdotes recurran a sanciones
para acallar las opiniones contrarias a las
autoridades de la Fraternidad y
dejar de lado el diálogo entre sacerdotes y fieles;
diálogo en que se podrían explicar los
nuevos lineamientos que tanta inquietud han causado.
¿Quién
puede negar que hay nuevos lineamientos, un nuevo rumbo en la
FSSPX?
Todas
esas contradicciones señaladas antes, las declaraciones
mencionadas en el punto p), el doble discurso cuando
las autoridades de la FSSPX se dirigen a los fieles y cuando lo
hacen al Vaticano o a los medios de información, son muestras de
esos cambios. Otro ejemplo es el siguiente.
En
su Carta a los Amigos y Bienhechores No. 65 (2004), Mons. Fellay
decía:
«Veamos
un ejemplo reciente: a principios del mes de octubre tuvo lugar en
Fátima una nueva reunión interreligiosa. Es Asís que se repite.
[...] Por todo esto nos preguntamos cómo es posible un acuerdo
en estas condiciones. ¿Acaso podríamos callarnos ante tales
aberraciones? Rechazamos un acuerdo puntual y afirmamos la
contradicción entre lo verdadero y lo falso, así como nuestra
férrea voluntad de no tener nullam partem en tal empresa, pues
sencillamente no queremos dejar de ser católicos. Con horror y
asco nos alejamos de esa visión de la Iglesia y de esa forma de
“comunión”. ¿Cómo puede pensarse que la Roma modernista
ha cambiado, mostrándose favorable a la Tradición? ¡Qué
ilusiones!»
Y
ahora, ¿en qué ha cambiado la Roma modernista? En nada;
continua con sus mismos actos sincretistas. Lo que ha
cambiado es el rumbo de la Fraternidad San Pío X.
El
cambio, sin embargo, ha sido gradual, como bien lo señala el P.
Ceriani
en su carta de dimisión:
En
1988 había satisfacción
y gozo en la Fraternidad por el hecho de ser declarada
excomulgada
por ese “sistema
que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar”
Posteriormente
se trató
de demostrar que la excomunión no era válida,
sin insistir en que la
excomulgada era la Roma modernista
Ya
a finales de 2005 había satisfacción
y gozo por las declaraciones del Cardenal Castrillón Hoyos:
“Ellos
están al interior de la Iglesia”
Después
hubo reiteradas manifestaciones para señalar que el hecho de la
declaración de la excomunión por parte de Roma constituía un
obstáculo para el apostolado, y que, por lo tanto, había
que pedir el retiro de dicha declaración
Finalmente
tenemos aceptación,
satisfacción, gozo y agradecimiento del decreto que levanta la
excomunión y remite la censura
Yo
he estado participando en diversos foros con la
única
finalidad de aportar un "grano de arena", que reconozco
ínfimo, en el esclarecimiendo de la verdad y el triunfo de la
justicia; dos cosas que todo cristiano debe procurar.
En una de esas participaciones sostengo que “alguien
debería tomar el liderazgo para encabezar un movimiento de
resistencia que
permita que los sacerdotes y hermanos que tienen una visión clara
del peligro que corren siguiendo a Mons. Fellay y sus cómplices,
se agrupen y puedan continuar su misión” (Cfr.
Anexo 2).
La palabra cómplices
ha despertado susceptibilidades en el P. Cardozo al grado que ya
se ha podido observar durante su sermón del domingo 1 de
noviembre.
Pero
si el P. Cardozo se molesta porque se critica a Mons. Fellay, yo
me indigno cuando se ofende a la Santísima Virgen María, así
sea el mismo Papa quien lo haya hecho. Con
todo, la palabra “cómplices”
está
justificada, como queda demostrado en el punto o).
En síntesis:
Por
esa participación en un foro, se me acusa de haber realizado
juicios temerarios y externarlos públicamente.
Se
me castiga negándoseme los sacramentos en tanto no haga una
reparación pública por mi comentario.
El
día que el P. Cardozo me hizo saber del castigo (en la Fiesta de
la Asunción), yo le dije que necesitaba estar convencido de mi
error para poder retractarme, pero él sólo dijo que quería “la
cartita” [de
retractación]
He
solicitado por
escrito (enviando la solicitud por dos medios diferentes los días
17 y 23 de agosto del presente año) al
P. Cardozo para que me especifíque con precisión cuál fue mi
pecado público sin haber recibido respuesta alguna
ni acuse de recibo (Crf.
Anexo 3)
Se
me pidió que hiciera la aclaración de que la palabra
“cómplices” empleada
en mi comentario en Radio Cristiandad no
se refería a todos los miembros de la Fraternidad San Pío X,
a lo cual accedí
a
pesar de considerarlo del todo inútil e innecesario, dado que
por
el contexto de mi comentario inicial se podía intuír y deducir
fácilmente que el calificativo no tenía un alcance general
(Cfr.
Anexo 2).
Antes
de externar mi opinión en los foros, consulté con diversos
sacerdotes mis dudas e inquietudes, pero en la mayoría de las
veces, o no obtuve respuesta o sólo recibí el consejo de
confiar en los superiores de la Fraternidad, consejo que,
según expliqué antes, resulta del todo insuficiente por las
actuales circunstancias.
Es
posible que en breve se me califique de sedevacantista.
Pese a ello, no se me puede catalogar justamente como
sedevacantista. Pero aun así, el término no me asusta, pues
desde mi primer contacto con la Tradición, se me enseñó que el
planteamiento de si una persona es o no Papa es una cuestión
meramente histórica y no doctrinal. Por cierto que son ya
varios los sacerdotes que han abandonado la Fraternidad por
disentir de su superior, y no todos ellos, como erróneamente se
nos ha dicho, terminan en el sedevacantismo ni siendo sacerdotes
vagos “sin futuro”.
Por
último: si el P. Cardozo o algún otro sacerdote nos explicara
satisfactoriamente la situación resolviendo las dudas y
aclarando las contradicciones, no tendría ningún reparo en
publicar mi retractación; mas si prevalece el silencio y las
respuestas insatisfactorias, no puedo en conciencia escribir una
retractación que sería hipócrita, y sólo puedo actuar
conforme aconseja Santa Catalina de Siena: “¡Basta de
silencios!¡Gritad con cien mil lenguas! que, por haber callado,
¡el mundo está podrido!”
Es
muy posible que se me responda con nuevas afrentas o con críticas
a este escrito. Lo que se diga de mí o de mi escrito, no tiene
importancia; lo que en
verdad importa es que se respondan satisfactoriamente las
interrogantes...
En
los Corazones de Jesús y de María
Jaime
Adolfo Flores Guerrero
Saltillo,
Coahuila, a los seis días de noviembre de dos mil nueve
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