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A Jesús por María



Réplica de Jaime Flores

a los comentarios que hiciera el R. P. Cardozo el 1 de noviembre de 2009

Documentos y sitios relacionados a la crisis de la Iglesia:



Contacto con Jaime A. Flores



Estimados hermanos en Cristo:


En este escrito quiero explicar el problema del P. Ernesto Cardozo Vasina, quien el domingo 1 de noviembre de 2009 se refiriera a otra persona y a mí1 como a unos individuos que guardamos un descarado silencio después de haber ofendido al Superior General de la Fraternidad San Pío X (FSSPX) en vez de hacer la correspondiente reparación. Me veo en la penosa necesidad de presentar esta aclaración, dado que la denuncia fue realizada por el padre desde el púlpito durante la Misa, dejándome sin posibilidad de réplica en el momento.


Hasta ahora, quise ser discreto en lo referente al problema del P. Cardozo, no por vergüenza; mucho menos por descaro, como erróneamente ha dicho el padre. Lo hice para no causar escándalo ni divisiones en el grupo. ¡Dios sabe cuánto tuve que contenerme para no revelar la injusticia cometida! Hoy no cabe más la discreción: el padre lo ha revelado públicamente y creo estar en mi derecho al dar a conocer mis motivos.


La situación problemática que aquí se presenta parcialmente, no debe sorprendernos, puesto que el demonio no podía dejar de atacar a uno de los últimos reductos fieles a la doctrina divina. Tampoco debe desesperarnos al grado de alejarnos de la Fraternidad y con ello de sacramentos y doctrina. Atendamos la exhortación que nos hiciera el P. Amozurrutia al despedirnos y bendecirnos para nuestro regreso de la peregrinación de Cristo Rey de este año, en la que pedía que ante esta situación tan problemática de la Fraternidad, tengamos confianza en nuestros sacerdotes y recemos por sus superiores. Pero no nos dejemos engañar por una falsa confianza similar a aquella que impide a millones de personas ver y aceptar los errores del modernismo. Cerremos filas, sí, pero no en torno a una persona – las personas somos falibles –; hagámoslo en torno a nuestro Redentor, quien no puede engañarnos.


Paso ahora a exponer mi caso:


    1. Durante casi 30 años he estado asistiendo a la Santa Misa de siempre, aun antes de la llegada de la FSSPX a Méjico.

    2. Cuando aun existía una natural desconfianza, pugné con otros fieles para que se recibiera a los sacerdotes de la Fraternidad aquí en Saltillo y por más de 23 años he frecuentado sus prioratos y centros de Misa.

    3. He depositado mi confianza en los sacerdotes de la Fraternidad y durante esos 23 años he recibido muchísimos beneficios y bendiciones de ellos.

    4. Por todo esto, cuando en el boletín de la capilla de Saltillo, la Fraternidad publicó a finales de 2008 una carta de Mons. Fellay convocando a una Cruzada de Rosarios para el levantamiento de las supuestas excomuniones, yo sentí que algo no estaba bien: todavía recordaba las palabras del mismo superior con que expresaba que no era posible pedir que se levantara algo inexistente. Por un mecanismo de autodefensa, me dije que seguramente habría algún problema de traducción y me negué a creer que el Superior General de la FSSPX se estuviese contradiciendo. No pasó mucho tiempo antes de que los mismos sacerdotes nos hicieran ver que efectivamente sí se estaba pidiendo el levantamiento de excomuniones. Así empezaron mis inquietudes y dudas sobre las autoridades de la Fraternidad.

    5. Ya en 2009, vino el decreto de levantamiento de excomuniones y los documentos, tanto de la Fraternidad como los de Vaticano, corroboraron que ciertamente se había solicitado el levantamiento de excomuniones.

    6. Adicionalmente, la visita a Saltillo de los Pp. Nelly y Trejo me dejó más inquietudes, pues, a pregunta expresa de uno de los fieles, el P. Trejo explicó que, en la respuesta de la Fraternidad al Santo Padre por el levantamiento de las supuestas excomuniones, se había escrito que se aceptaban todos los concilios hasta el Vaticano II debido a un error ocasionado por la prisa con que se quiso dar respuesta al Papa, y que se había escrito Vaticano II cuando se quería haber escrito Vaticano I. Yo consulté la carta (Cfr. Anexo 1) y pude ver que decía "aceptamos y hacemos nuestros todos los concilios hasta Vaticano II, respecto al cual tenemos reservas"; así pues, la explicación del P. Trejo no era precisa, pues obviamente la intención no había sido poner "Vaticano I, respecto al cual tenemos reservas". Esto habría sido un error aun mayor.

    7. Durante la misma visita de los Pp. Nelly y Trejo, yo pregunté por qué la Fraternidad hacía todo lo posible para quedar bien con el mundo, al tiempo que daba la espalda a la verdad y a la razón. Esta pregunta la formulé con respecto a la forma en que se había tratado el escándalo mediático por las declaraciones de Mons. Williamson que le costaron ser destituído de la Rectoría del Seminario en Argentina. La respuesta del P. Trejo fue muy ambigua y más que respuesta, fue una exhortación a no buscar información, a esperar los comunicados oficiales de la Fraternidad y a confiar en las autoridades. Por supuesto esta última recomendación no podía satisfacerme: esto mismo me pidieron hace 30 años los sacerdotes a quienes expuse mis dudas con respecto a la tradición y el modernismo; si les hubiese hecho caso en aquel entonces, actualmente estaría asistiendo a la misa de Paulo VI.2

    8. Por otra parte, Mons. Fellay ha ofendido a la Sma. Virgen María, madre de Dios y corredentora nuestra, cuando le atribuye a Ella la obtención de ese decreto de levantamiento de excomuniones que es "muy deplorable" (según el P. Bouchacourt) y que "no responde a la verdad ni a la justicia" (según Mons. de Galarreta); también lo hace al atribuir a Nuestra Señora ese decreto por el cual la Santa Misa de siempre queda relegada a un puesto secundario como un "rito extraordinario" en tanto que el rito protestantoide de Paulo VI es señalado como ordinario, es decir, regular o preferente (Cfr. Las Cruzadas de Rosarios de Mons. Fellay).

    9. En febrero de 2006, meses antes del capítulo general en que se le reeligiría como Superior General, Mons. Fellay declaró: «después de esas largas discusiones el Cardenal [Castrillón de Hoyos] dijo: Yo advierto que todo lo que Ud. expone no lo coloca fuera de la Iglesia, Ud. está, pues, dentro de la Iglesia”. Y continuó diciendo: Le pido que escriba al Papa para solicitarle que levante las excomuniones”. Desde entonces hemos quedado ahí, pues evidentemente no vamos a pedir que se levante algo que no reconocemos. Siempre nos hemos negado a reconocer la validez de esas excomuniones, no podemos, pues, pedir que se levante algo que no existe.» (Sermón del 2 de febrero de 2006 en el Seminario de Flavigny, Francia)

    10. Sin embargo, en una entrevista a principios de 2009, el semanario Monde et Vie preguntó ¿Esperaba usted, Monseñor, este levantamiento de la excomunión?Y Monseñor Fellay respondióLo esperaba desde 2005, después de la primera carta de pedido del levantamiento de la excomunión que había dirigido a pedido mismo de Roma. Porque era claro que Roma no pedía esta carta para rechazar levantar la excomunión. Esta entrevista incluso fue publicada en La Porte Latine.

    11. Los puntos i) y j) muestran una contradicción flagrante de Mons. Fellay. Aquí puede hacerse la pregunta: ¿Mons. Fellay solicitó en 2005 el levantamiento de excomuniones? Sólo existen dos posibles respuestas: sí o no. En el caso afirmativo, Mons. Fellay habría mentido en febrero de 2006 y con él otras autoridades de la Fraternidad que han asegurado que siempre se pidió que se declarara nulo (sin efecto) el decreto de excomuniones de 1988; en el caso negativo, Mons. Fellay habría mentido en 2009 y en otras varias ocasiones en que ha repetido lo mismo y quedaría aun más claro que Roma no concedió lo que se le pedía como prerrequisito para entablar conversaciones.

    12. En la Pascua de 2009, el mismo Mons. Fellay sostuvo, refiriéndose a ese levantamiento de excomuniones, que "lo habíamos pedido desde el año 2001 como signo de buena voluntad de parte del Vaticano hacia el movimiento tradicional" (Carta a los amigos y benefactores 74).

    13. Por otra parte, el Card. Castrillón de Hoyos, en su carta de 5 de abril de 2002, menciona que Mons. Fellay envió al Secretario de la Fraternidad, P. Selegny, y al P. Simoulin para que le informaran al Cardenal que se suspendería el diálogo entre la Fraternidad y Vaticano, en tanto no se cumplieran los dos prerrequisitos: el levantamiento de las excomuniones y el permiso a todo sacerdote católico para celebrar la Misa con el rito de San Pío V. Esta carta parece corroborar la declaración de Mons. Fellay mencionada en el punto l).

    14. Es evidente que a partir de finales de 2008, varias autoridades de la Fraternidad han hecho declaraciones en las que se trata de suavizar o incluso negar la diferencia que existe entre solicitar que se levanten las excomuniones y solicitar que se declare que tales excomuniones nunca existieron. Por supuesto, la diferencia está ahí aunque se la ignore o se la niegue.

    15. Es obvio que las autoridades de la Fraternidad intentan hacer creer a los fieles que Roma ha cedido cumpliendo con los prerrequisitos planteados por la misma Fraternidad y que, si ha cedido, lo ha hecho por la intercesión de la Sma. Virgen María. Pero en ese intento se está incurriendo en contradicciones y declaraciones falsas que, por ser deliberadas, reiteradas y sostenidas, no pueden sino entenderse como un engaño y a quienes cooperan conscientemente para que este engaño se propague se les llama cómplices. Aquí no se está juzgando la intención, sino sólo los hechos (Cfr. Anexo IX del P. Ceriani)

    16. Por otra parte, llaman la atención las nuevas declaraciones del Superior de la Fraternidad en que parece querer condescender con las autoridades vaticanas, como el aceptar que "los judíos son nuestros hermanos mayores"3 o que Benito XVI "es una persona íntegra4, que toma muy seriamente la situación y la vida de la Iglesia".

    17. No deja de ser doloroso el que las autoridades de la FSSPX y los mismos sacerdotes recurran a sanciones5 para acallar las opiniones contrarias a las autoridades de la Fraternidad y dejar de lado el diálogo entre sacerdotes y fieles; diálogo en que se podrían explicar los nuevos lineamientos que tanta inquietud han causado.



¿Quién puede negar que hay nuevos lineamientos, un nuevo rumbo en la FSSPX?

Todas esas contradicciones señaladas antes, las declaraciones mencionadas en el punto p), el doble discurso cuando las autoridades de la FSSPX se dirigen a los fieles y cuando lo hacen al Vaticano o a los medios de información, son muestras de esos cambios. Otro ejemplo es el siguiente.

En su Carta a los Amigos y Bienhechores No. 65 (2004), Mons. Fellay decía:


«Veamos un ejemplo reciente: a principios del mes de octubre tuvo lugar en Fátima una nueva reunión interreligiosa. Es Asís que se repite. [...] Por todo esto nos preguntamos cómo es posible un acuerdo en estas condiciones. ¿Acaso podríamos callarnos ante tales aberraciones? Rechazamos un acuerdo puntual y afirmamos la contradicción entre lo verdadero y lo falso, así como nuestra férrea voluntad de no tener nullam partem en tal empresa, pues sencillamente no queremos dejar de ser católicos. Con horror y asco nos alejamos de esa visión de la Iglesia y de esa forma de “comunión”. ¿Cómo puede pensarse que la Roma modernista ha cambiado, mostrándose favorable a la Tradición? ¡Qué ilusiones!»


Y ahora, ¿en qué ha cambiado la Roma modernista? En nada; continua con sus mismos actos sincretistas. Lo que ha cambiado es el rumbo de la Fraternidad San Pío X.

El cambio, sin embargo, ha sido gradual, como bien lo señala el P. Ceriani en su carta de dimisión:

  • En 1988 había satisfacción y gozo en la Fraternidad por el hecho de ser declarada excomulgada por ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar”

  • Posteriormente se trató de demostrar que la excomunión no era válida, sin insistir en que la excomulgada era la Roma modernista

  • Ya a finales de 2005 había satisfacción y gozo por las declaraciones del Cardenal Castrillón Hoyos: Ellos están al interior de la Iglesia”

  • Después hubo reiteradas manifestaciones para señalar que el hecho de la declaración de la excomunión por parte de Roma constituía un obstáculo para el apostolado, y que, por lo tanto, había que pedir el retiro de dicha declaración

  • Finalmente tenemos aceptación, satisfacción, gozo y agradecimiento del decreto que levanta la excomunión y remite la censura


Yo he estado participando en diversos foros con la única finalidad de aportar un "grano de arena", que reconozco ínfimo, en el esclarecimiendo de la verdad y el triunfo de la justicia; dos cosas que todo cristiano debe procurar. En una de esas participaciones sostengo que “alguien debería tomar el liderazgo para encabezar un movimiento de resistencia que permita que los sacerdotes y hermanos que tienen una visión clara del peligro que corren siguiendo a Mons. Fellay y sus cómplices, se agrupen y puedan continuar su misión” (Cfr. Anexo 2).

La palabra cómplices ha despertado susceptibilidades en el P. Cardozo al grado que ya se ha podido observar durante su sermón del domingo 1 de noviembre.

Pero si el P. Cardozo se molesta porque se critica a Mons. Fellay, yo me indigno cuando se ofende a la Santísima Virgen María, así sea el mismo Papa quien lo haya hecho. Con todo, la palabra cómplices” está justificada, como queda demostrado en el punto o).


En síntesis:

  1. Por esa participación en un foro, se me acusa de haber realizado juicios temerarios y externarlos públicamente.

  2. Se me castiga negándoseme los sacramentos en tanto no haga una reparación pública por mi comentario.

  3. El día que el P. Cardozo me hizo saber del castigo (en la Fiesta de la Asunción), yo le dije que necesitaba estar convencido de mi error para poder retractarme, pero él sólo dijo que quería la cartita” [de retractación]

  4. He solicitado por escrito (enviando la solicitud por dos medios diferentes los días 17 y 23 de agosto del presente año) al P. Cardozo para que me especifíque con precisión cuál fue mi pecado público sin haber recibido respuesta alguna ni acuse de recibo (Crf. Anexo 3)

  5. Se me pidió que hiciera la aclaración de que la palabra “cómplices” empleada en mi comentario en Radio Cristiandad no se refería a todos los miembros de la Fraternidad San Pío X, a lo cual accedí a pesar de considerarlo del todo inútil e innecesario, dado que por el contexto de mi comentario inicial se podía intuír y deducir fácilmente que el calificativo no tenía un alcance general (Cfr. Anexo 2).

  6. Antes de externar mi opinión en los foros, consulté con diversos sacerdotes mis dudas e inquietudes, pero en la mayoría de las veces, o no obtuve respuesta o sólo recibí el consejo de confiar en los superiores de la Fraternidad, consejo que, según expliqué antes, resulta del todo insuficiente por las actuales circunstancias.

  7. Es posible que en breve se me califique de sedevacantista6. Pese a ello, no se me puede catalogar justamente como sedevacantista. Pero aun así, el término no me asusta, pues desde mi primer contacto con la Tradición, se me enseñó que el planteamiento de si una persona es o no Papa es una cuestión meramente histórica y no doctrinal. Por cierto que son ya varios los sacerdotes que han abandonado la Fraternidad por disentir de su superior, y no todos ellos, como erróneamente se nos ha dicho, terminan en el sedevacantismo ni siendo sacerdotes vagos “sin futuro”.

  8. Por último: si el P. Cardozo o algún otro sacerdote nos explicara satisfactoriamente la situación resolviendo las dudas y aclarando las contradicciones, no tendría ningún reparo en publicar mi retractación; mas si prevalece el silencio y las respuestas insatisfactorias, no puedo en conciencia escribir una retractación que sería hipócrita, y sólo puedo actuar conforme aconseja Santa Catalina de Siena: “¡Basta de silencios!¡Gritad con cien mil lenguas! que, por haber callado, ¡el mundo está podrido!”

    Es muy posible que se me responda con nuevas afrentas o con críticas a este escrito. Lo que se diga de mí o de mi escrito, no tiene importancia; lo que en verdad importa es que se respondan satisfactoriamente las interrogantes...



En los Corazones de Jesús y de María


Jaime Adolfo Flores Guerrero



Saltillo, Coahuila, a los seis días de noviembre de dos mil nueve








1Cierto es que hizo la denuncia sin mencionar nombres, pero en una comunidad tan pequeña, quienes no nos hayan identificado ya, lo harán más pronto que tarde.

2El mismo P. Cardozo nos dijo en reiteradas ocasiones que en tiempo de guerra se debía cerrar filas y no cuestionar al general, sino darle toda nuestra confianza. Yo le repliqué en una de esas ocasiones que si un soldado se percata de que están siendo dirigidos a una emboscada, tiene no sólo el derecho, sino la obligación de hacérselo saber a sus superiores y evitar la muerte de sus compañeros y la propia.

3¿Nuestros hermanos mayores? San Pablo, nos recuerda (Gal. 4, 22-31) que Ismael, que se gloría de venir de la carne de Abraham, representa la Sinagoga de los judíos. En cambio Isaac, quien nació milagrosamente de acuerdo con la promesa divina, representa a la Iglesia que ha surgido, como Isaac, por la fe en la Promesa de Cristo. No es entonces la descendencia carnal de Abraham la que salva, sino la unión espiritual por la fe en Cristo. De modo que son hermanos mayores en la fé únicamente aquellos que creyeron en Nuestro Señor Jesucristo y de ninguna manera puede decirse esto de aquellos que lo negaron y que continúan negándolo. No tenemos la misma fe, no creemos lo mismo que los judíos aferrados a sus errores. (Tomado de "Por la Fe Católica. La Fraternidad San Pío X en Colombia", publicado el 20 de marzo de 2009)

4¿Puede decirse que es íntegra una persona que ha apostatado; que ha escrito libros que contienen declaraciones heréticas (según el mismo Mons. Tissier de Mallerais); que propone la formación de un gobierno mundial; que alaba la separación del estado y de la Iglesia? No fue así como lo calificó Mons. Lefebvre.

5En este recurso de sanciones, se ha llegado incluso a ignorar el principio de nec bis in idem, al aplicar dos sanciones diferentes y en distinto tiempo por un mismo acto.

6Parece ser que últimamente, en automático, se aplica este epíteto a quien disiente de lo dictado por las autoridades de la FSSPX.