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A Jesús por María





Padre Abrahamowicz: “Desobedecí la orden de mentir públicamente”




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2009 Julio 16

by Radio Cristiandad

Entrevista en París al Padre Florian Abrahamowicz

por Stephen Heiner

Padre AbrahamowiczOriginal en francés en www.truerestoration.blogspot.com – Traducción: Radio Cristiandad (negritas son nuestras)



Es una ilusión pueril creer poder convertir a Roma desde el “interior”, entrando en el sistema de la iglesia conciliar.

Stephen Heiner: Padre, en los Estados Unidos no somos célebres para seguir las actualidades mundiales, de ahí que algunos pueden no estar informados de su expulsión de la FSSPX. Si usted lo permite, por lo tanto, comencemos desde el principio: ¿Cómo llegó usted a la Misa tradicional y, luego, a su vocación?

RESPUESTA 1. Llegué a la Misa tradicional en 1978 en Viena, Austria. Cuando asistí por primera vez, quedé muy impresionado por la diferencia entre ella y la nueva misa – a tal punto de llegar a pensar inicialmente que la antigua misa no podía ser un culto de la religión católica. A continuación, mi alegría fue grande al descubrir este tesoro, esta agua, que nos era ocultada por la misa judaizada. Desde el año 1976 comencé a conocer la Fraternidad San Pío X. Diez años más tarde, después de tres años pasados en el Instituto Universitario de la Fraternidad en París, entré al seminario de Flavigny y fui ordenado por Monseñor Licinio Rangel en 1992, en Écône.

2. ¿Desde cuánto es sacerdote? ¿Durante cuánto tiempo fue superior? ¿Cuáles son los otros cargos que ocupó en la Fraternidad?

RESPUESTA 2. Soy sacerdote desde 1992. Era responsable del apostolado en Albania y de la formación de los jóvenes albaneses en nuestro preseminario en Austria; enseñé durante tres años en nuestro seminario de Zaitzkofen; soy responsable desde hace once años del apostolado en el noreste de Italia, pero nunca he sido superior.

3. ¿En qué momento comenzaron sus desacuerdos con Menzingen? ¿Había otros sacerdotes de acuerdo con usted? ¿Qué le aconsejaron?

RESPUESTA 3. Los primeros desacuerdos con Menzingen comenzaron en 2001, cuando se trataba de la posibilidad de un acuerdo con la Roma modernista. En aquella época no estaba solo. El prior de Rimini, Don Ugo Carandino y Don Davide Pagliarani estaban ferozmente en contra de un acuerdo con la Roma del concilio. También había otros sacerdotes, directores de seminario, profesores y priores que se oponían de manera muy explícita y eficaz. El deber de conciencia nos impulsaba a declarar abiertamente a los superiores que no podríamos seguirlos, en el caso en que se terminase por cohabitar con la iglesia modernista, en aquel momento gobernada por Juan Pablo II.

4. ¿De qué clase de desacuerdo se trataba?

RESPUESTA 4. Se trataba de un desacuerdo teológico, que al mismo tiempo era un desacuerdo que implicaba consecuencias pastorales. La Roma modernista no representa la Iglesia Católica. No debemos pedir ser aceptados, reconocidos, comprendidos, oídos, etc. Tenemos el deber de exigir la plena catolicidad por parte de quien ocupa la sede apostólica. Sería una ilusión pueril jugar a los infiltrados en la Roma modernista para, “después”, convertirla desde el “interior”. O la Iglesia es católica o no lo es. Y ella no puede estar en otra iglesia. La Iglesia no es un partido o una corriente política que puede estar más o menos presente en otras realidades.

5. Cuando usted toma la palabra en público con respecto a la controversia en torno al “holocausto”, ¿cuál de sus observaciones suscitó mayores problemas? ¿Y por qué?

RESPUESTA 5. Mis compañeros estaban de acuerdo con todo lo que dije en mi entrevista a la Tribuna de Treviso. Pero nadie se imaginaba el efecto mediático que eso habría de tener. Ha sido, pues, el hecho mismo de atacar a los judíos públicamente lo que hizo temblar y en consecuencia sacudir la amistad de mis colegas y superiores. Tocar al nuevo Mesías, es decir, criticar la política sionista, es el crimen de lesa majestad por excelencia. Ahora bien, el Vaticano se pliega ante esta majestad. Por lo tanto, la Fraternidad, que entró en amistad con el Vaticano de Ratzinger, debía sacrificar a los dioses: después que el Vaticano, por la boca de su portavoz Lombardi, tomó distancias del Padre Abrahamowicz, la Fraternidad lo hizo mejor: expulsó de por vida a su miembro, declarando que las observaciones del expulsado afectan gravemente a la imagen de la Fraternidad al servicio de la iglesia. ¿Qué iglesia?

6. En cuanto a Monseñor Williamson, ¿qué piensa de lo que le sucedió?

RESPUESTA 6. Monseñor Williamson no ha sido expulsado, fue destituido de su cargo, y su comentario sobre los aspectos técnicos de las cámaras de gas ha sido juzgado con los términos más peyorativos por parte de sus colegas en el sacerdocio y en el episcopado. Ha sido reducido al silencio por su superior, Monseñor Fellay. Por no decir que está prohibido tocar al nuevo Mesías, se guardó el asunto entre las “cuestiones históricas” que no son de competencia de un obispo. Y por esto, ¿no debe ejercer más su ministerio?

7. Algunos no se privan decir que usted es desobediente e instigador de disturbios, ¿cómo les responde?

RESPUESTA 7. Respondo diciendo que todo lo que hice lo hice con el acuerdo de mis superiores. La desobediencia, – debida y santa – comenzó cuando he permanecido en mi capilla, después de haber sido expulsado “por razones disciplinarias graves”. Sin resistencia física, permanecí en mi capilla y he seguido diciendo la Misa durante un mes hasta el día en que fui desalojado por la fuerza por parte de mi superior. Sí, desobedecí la orden de mentir públicamente. Tendría que haber negado públicamente las verdades confesadas el día antes. El desorden vino, no por mi, sino debido a la forma en que el superior general reaccionó ante la campaña mediática contra Williamson y yo mismo. En vez de proteger y defender a sus miembros, los desdijo. ¡Qué victoria para el Vaticano! – que, perfectamente informado de la entrevista de Monseñor Williamson, fingía y finge no saber nada con respecto a las opiniones revisionistas de Monseñor Williamson.

8. Monseñor Williamson me confió su desacuerdo total con usted respecto al Motu Proprio. Por favor, ¿puede explicar este desacuerdo?

RESPUESTA 8. Monseñor Williamson no estaba de acuerdo con mi juicio sobre el Motu Proprio. Como Monseñor Fellay, él se niega a dar un juicio definitivo sobre esta institución. Según mi opinión la misa del Motu Proprio no es la Santa Misa católica. Materialmente los gestos y las palabras son los propios, pero formalmente el rito se inserta en una jerarquía modernista y apóstata, lo que vuelve ilícita la participación en este culto, de la misma manera que está prohibido participar en los ritos heréticos y cismáticos. El artículo 1 del Motu Proprio determina bien que la autoridad impone que el rito expresa públicamente la fe de la nueva misa. Y esto se hace independientemente de quien celebra el rito. Precisamente porque es un rito, en función de los gestos y al significado de los gestos y palabras establecidos por el legislador. Estamos pues en presencia de un rito antiguo con una fe nueva, un rito bastardo como el de la nueva misa. Monseñor Williamson sigue a Monseñor Fellay en la negativa a dar un juicio sobre la misa del Motu Proprio. Pero en los hechos está el Te Deum.

9. ¿Cuál es su intención, qué piensa hacer ahora?

RESPUESTA 9. Ahora permanezco a disposición de los fieles que no quieren abandonar el combate de la tradición y que para ello quieren seguir siendo fieles a las disposiciones últimas de Monseñor Lefebvre: no se discute con la Roma modernista. Es una ilusión pueril creer poder convertir a Roma desde el “interior”, entrando en el sistema de la iglesia conciliar. Es necesario seguir simplemente santificándose. Es lo que quiero hacer en este pequeño espacio que alquilé y al cual doy el nombre de domus Marcel Lefebvre (Via Pietro Nenni, 6, 31038 PAESE (TV) Italia). Santa Misa todos los domingos, catecismo, curso de formaciones, etc. Y luego, además de los dones de del fieles, intento trabajar en las traducciones y en el interpretariado.

10. En su opinión, ¿qué ocurrirá con la FSSPX? ¿Sus sacerdotes? ¿Sus fieles?

RESPUESTA 10. No conozco el futuro, pero el presente está delante de nuestros ojos. La Fraternidad ha cantado el Te Deum por el Motu Proprio, agradeció por el falso retiro de las excomuniones, que nunca existieron, ha expresado su confianza en Ratzinger que hoy es aún más “serpiente” que en tiempos de Monseñor Lefebvre, que lo llamaba así; todo eso conduce a la Fraternidad a la situación absurda de la Fraternidad San Pedro, del Barroux, etc.; ciertamente, de jure, no se hace esta traición. No se firma el papel. De facto, desgraciadamente, se hace la traición. Una prueba: lo que aprendí en el seminario y que enseñé incluso en el seminario y prediqué durante once años aquí en Italia fue calificado por mi superior en el comunicado de prensa que me expulsaba como contrario a la posición de la Fraternidad. Quiero seguir siendo fiel a las enseñanzas recibidas en seminario, que estoy seguro son la doctrina católica.

11. Monseñor Tissier de Mallerais recientemente escribió “yo admito muy bien que un sacerdote, que fieles, tengan dudas sobre la validez de un papa como Juan-Pablo II o Benedicto XVI…” Ahora bien, ¿admite usted que se tengan estas dudas? ¿Comparte estas dudas? ¿Sus convicciones personales son cercanas a las de los que no reconocen en Benedicto XVI un papa legítimo? ¿Qué piensa de la posición dicha sedevacantista?

RESPUESTA 11. Cuando se me acusa o se intenta denominarme como sedevacantista yo respondo que me niego a llamarme sedevacantista, no porque soy “papista”, en el sentido de los que admitiendo al mismo tiempo que Benedicto XVI no es católico afirman que es papa. Deseo proponer la reflexión siguiente y dejo concluir al lector. Cuando Monseñor Lefebvre afirma en conclusión y al final de su vida, por lo tanto después de una larga maduración de su actitud hacia Roma, a la cual buscaba hasta las consagraciones: “la iglesia oficial no representa la Iglesia Católica,… es una ilusión pueril querer hacer parte de ella para convertirla desde el interior”, me parece que el problema que plantea va bien más allá de la simple “sedes vacans” (Sede vacante).

La sede vacante, en el sentido de un papa que por su herejía deja de ser papa, era considerada por los teólogos en el marco de una iglesia normalmente católica. Ahora bien hoy el problema – misterioso y apocalíptico – es diferente. Con el “papa” es el orbis catholicus (el mundo católico) que no profesa ya la fe católica, el cuerpo de los obispos que no es ya católico, los fieles, incluso los de mayor buena fe, que no son ya católicos: ¿Queremos comprender que el problema hoy es, pues, mayor que el de un papa herético? Puede ser que sea una de las razones por las cuales Monseñor Lefebvre descartaba la solución sedevacantista como “demasiado simple”: La cuestión es mucho más compleja.

Además, está el hecho de que Josef Ratzinger, Papa o no papa, católico o no, tiene sede en el Vaticano, lo ocupa, lo usurpa, todo lo que se quiera, pero está allí, y eso va bien para la gran masa de los que se dicen católicos.

¿Cómo hacerles comprender que no es católico? ¿Cómo hacerles comprender que no son ya católicos? He aquí, quizá, la razón por la cual Monseñor Lefebvre, ante un problema tan grande quiso en toda simplicidad limitarse a construir: escuelas, familias y sacerdotes católicos; denunciar abiertamente la apostasía en tiara y capa, y dejar a la historia el juicio definitivo sobre estos “papas”, que dudaba que sean papas, y que parecen hoy de verdad dar todas las señales de no serlo ya.

La Fraternidad, hoy, ¿tiene aún la credibilidad para afirmar tales verdades? La diplomacia y la política al “servicio” del combate por la tradición, ¿no hicieron perder su sal a la sal?

Dios en su omnipotencia puede suscitar otros heraldos de la fe. ¿Quizá algún obispo que sueña desde hace tiempo en convertirse del cisma y de la herejía oriental a la catolicidad? ¿Algún precursor de la Rusia convertida?

Es muy importante inclinarse ante el gran misterio de la situación actual sin querer racionalizar el misterio de la apostasía general. Pues, más que la sede, es la Iglesia la que, hasta cierto punto, está vacante, permaneciendo, al mismo tiempo, visible en su humanidad y su divinidad allí donde la fe se profesa sin compromiso de hecho con Roma modernista.