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Documentos y sitios relacionados a la crisis de la Iglesia:
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La
FSSPX desde hace muchos años había expresado por boca de Mons.
Fellay y otras autoridades, que no quería que se levantaran
las excomuniones de los obispos, sino que se declarara que
tales excomuniones nunca habían existido. Mons. Fellay
incluso mencionó que en 2005, el Card. Castrillón le había
pedido que escribiera al Papa para pedir que se levantaran las
excomuniones y que él no pudo aceptar porque las excomuniones
no existían y entonces no se podía levantar algo inexistente.
¿Por qué entonces se pide ahora que se levanten las
excomuniones y se nos pide a los fieles que se recemos Rosarios
para tal fin? ¿Por qué después de que se obtiene el
levantamiento (no por los Rosarios, digo yo, sino porque Roma
ya lo había ofrecido según lo dijo Mons. Fellay en 2006 y
lo constató recientemente), por una parte se agradece al
Papa, se entona el Magnificat en todas las capillas
(excepto en las de las Antillas) y por otra parte se califica el
decreto como "muy deplorable" (P. Bouchacourt) o
como algo que "no responde ni a la verdad ni a la
justicia" (Mons. de Galarreta) mientras que Mons. Fellay
dice que es una gracia obtenida por la Sma. Virgen? ¿Qué
es todo esto? ¿una gracia del cielo muy
deplorable que no responde a la verdad ni a la justicia
por la que hay que alegrarse y cantar el Magnificat como
agradecimiento y que fue obtenida por el ofrecimiento de 1.7
millones de Rosarios?
Se
nos dice que se hizo esta petición (de levantar las
excomuniones) porque el mundo tenía la impresión de que eran
válidas las excomuniones y entonces, ante los ojos del
mundo, la FSSPX estaba estigmatizada. Pues esos ojos del
mundo, ahora han visto que la Fraternidad solicitó que se
levantaran unas excomuniones, con lo cual se manifiesta que
se acepta la existencia de ellas (por lo menos ante el mundo),
que el Papa fue bondadoso al otorgar el perdón y que
la Fraternidad agradeció tanta bondad del Papa. Con esto
"se confirma" para ellos que la Fraternidad incurrió
en una falta grave y que estuvo excomulgada durante 20 años.
¿Es eso lo que busca la Fraternidad? ¿De esa manera se predica
la verdad y se hace apostolado? No cabe duda que con esto se
está induciendo al error. A los fieles "tradicionalistas"
se nos explica lo que ya sabemos (de no ser así, no
escucharíamos a los padres de la Fraternidad): que las
excomuniones no eran válidas, que no era necesario el
levantamiento de ellas, etc. y al mundo le presentan otra imagen
completamente contraria...
Mons.
de Galarreta nos dice que con este acercamiento a Roma, se había
incrementado el número de fieles en el mundo. Esto es lo
que comentó Mons. Lefebvre en 1988 al respecto:
En
Roma, permanecen lo que son. No podemos ponernos en las manos de
esta gente. No queremos dejarnos comer. Es una ilusión
de Dom Gérard pensar que un acuerdo nos daría un inmenso
apostolado. Sí, pero en un marco ambiguo, que nos descompondría.
Nos dicen: “Tendrán aún más vocaciones si están
con Roma.” Pero estas vocaciones, si decimos cualquier cosa
contra Roma, se opondrían y apestarían nuestros seminarios.
Y los obispos les dirían: “¡Entonces, venid con nosotros!”
Suavemente,
la mezcla se haría. Roma quiere hacernos cambiar.
Hay una cantidad de consecuencias detrás de eso: desean llevar
nuestras obras hacia el espíritu conciliar. Si hubiésemos
aceptado, habríamos muerto. No habríamos durado un año. Habría
sido necesario vivir en contacto con los conciliares, mientras que
actualmente, estamos juntos. Si hubiésemos dicho que
sí, eso habría sido la división dentro de la Hermandad; todo se
habría dividido.
Nos
dicen que nuevas vocaciones vendrían si estuviésemos con Roma.
Pero estas vocaciones no soportarían ninguna distancia respecto
de Roma, ninguna crítica: sería la división.
Actualmente, las vocaciones se seleccionan por ellas mismas. Esta
es la razón por la cual salvamos la Hermandad y la Tradición,
alejándonos nosotros prudentemente.
Se
nos ha presentado el cumplimiento de los requisitos exigidos por
la FSSPX como gracias obtenidas por el rezo del Santo Rosario: yo
no puedo creer que sea una gracia del cielo el que la Misa de
siempre haya sido puesta en un sitio inferior (rito
extraordinario) a la cena protestantoide de Paulo VI (rito
ordinario); tampoco puedo ver como una gracia celestial el
levantamiento de un castigo que no existe. Además de que
este perdón ya estaba concedido años antes de la cruzada de
Rosarios. Me da la impresión de que se nos quiere hacer pasar
algo que ya estaba resuelto como si fuera fruto de las cruzadas
convocadas por Mons. Fellay. De hecho, yo no recé ni una sola
oración por esas intensiones: no podía hacerlo en conciencia.
Está
todavía el escándalo que provocó la entrevista a Mons.
Williamson. No cabe duda de que eso fue una trampa para
inhabilitar y desprestigiar a Mons. Williamson y la forma en
que fué manejada por las autoridades de la Fraternidad dejó
mucho que pensar.
Acaso
convenga recordar las siguientes palabras de Mons. Lefevbre:
“Por
supuesto, están los que se
ponen como enfermos de sólo pensar que hay que oponerse a Roma:
No están de acuerdo. Es que no vieron verdaderamente el problema
de la invasión liberal de Roma. Los que vacilan, quizás, sólo
tienen una fe sentimental. No tienen el sentido doctrinal del
magisterio de la Iglesia de siempre, de la Tradición, de la fe
católica.
Dicen:
“No estamos completamente de acuerdo, pero no se puede
separarse del Papa. Preferimos estar en unión, al
menos legal, canónica, regular, con las autoridades
eclesiásticas. No podemos seguir estando así indefinidamente
separados de las autoridades romanas y de los obispos. No es
posible. Pero, ya van a ver, vamos a conservar la Tradición.
Vamos a hacer esfuerzos. Haremos esto, haremos aquello. No vamos a
dejarnos engañar”.
Todos
los que nos dejaron y han dicho eso, todos claudicaron.
No podían soportar separarse demasiado de las autoridades
eclesiásticas.
Pero
que se comprenda bien, dichas autoridades quieren imponernos
progresivamente el abandono de la Tradición.
Aunque
hiciereis esfuerzos para conservar la Tradición, las autoridades
eclesiásticas os dirán: ¡el Concilio! ¡el Concilio! ¡Es el
gran Pentecostés! Es necesario que os sometáis.
Podemos daros la autorización de guardar un poco la Tradición,
pero es necesario admitir el Concilio en su integridad. (…)
Pero, es colocarse en una situación de contradicción, ya que es
de los principios del Concilio que nació la guerra contra la
Tradición. Un día, se les hará abandonar la poca
Tradición que les conceden hoy. Momentáneamente es
necesario aceptar la imposible conciliación entre el
mantenimiento de la Tradición y la aplicación del Concilio. Es
una situación que no es viable.”
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